En ocasiones, antes de valorar o sopesar el potencial de alguna idea, nosotros mismos o los que nos rodean, nos encargamos de derribarla apenas surge. :A través de infundir miedo, aplazar hasta el infinito, confundir y simplemente ridiculizar; las “ocurrencias” que puede tener cualquiera corren el peligro de ser desechadas con argumentos/preguntas tales como los siguientes:
- Nos ha ido bien, ¿por qué cambiar?
- El dinero es lo único importante.
- Exageras el problema
- ¿Insinúas que se han hecho mal las cosas?
- ¿Cuál es tu verdadero propósito?
- ¿y qué pasa con eso, aquello o esto?
- La propuesta va demasiado lejos o es insuficiente
- La propuesta abandona nuestros valores centrales
- Es muy simple para que funcione
- Nadie lo hace
- No se puede tener todo
- Genera demasiadas inquietudes
- Ya lo hemos intentado y no funciona
- Es difícil de comprender
- No es el momento
- Implica demasiado trabajo
- No funcionará aquí somos diferentes
- Es un terreno pantanoso
- No podemos costearlo
- No estamos preparados
- Esto me parece…
Referencia: HBRAL.com

Hola Anibal,
me encanta este tema por lo fácil que resulta tumba las ideas de los demás y las propias nuestras con los «condicionamientos mentales»
Escribí un post con mis impresiones en el link «El empresario encadenado (a sus propios condicionamientos mentales): http://www.perez-castillo.com/index.php#2|notiopinion|51
Un saludo
Santiago
Me gustaMe gusta
Hola Santiago,
Muy buen artículo que compartes en tu comentario (aquí el enlace), pretendía resumirlo, pero me resulta imposible porque cada párrafo me parece muy interesante. Tal como señalas en tu blog, la facilidad para matar ideas es una manifestación de que «la mayoría de las organizaciones no cambian porque carecen de alguna de las dos facetas claves para conseguir llevar a cabo cualquier proceso de cambio: actitud y entrenamiento».
Gracias. Saludos
Me gustaMe gusta