En ocasiones, antes de valorar o sopesar el potencial de alguna idea, nosotros mismos o los que nos rodean, nos encargamos de derribarla apenas surge. :A través de infundir miedo, aplazar hasta el infinito, confundir y simplemente ridiculizar; las “ocurrencias” que puede tener cualquiera corren el peligro de ser desechadas con argumentos/preguntas tales como los siguientes:
- Nos ha ido bien, ¿por qué cambiar?
- El dinero es lo único importante.
- Exageras el problema
- ¿Insinúas que se han hecho mal las cosas?
- ¿Cuál es tu verdadero propósito?
- ¿y qué pasa con eso, aquello o esto?
- La propuesta va demasiado lejos o es insuficiente
- La propuesta abandona nuestros valores centrales
- Es muy simple para que funcione
- Nadie lo hace
- No se puede tener todo
- Genera demasiadas inquietudes
- Ya lo hemos intentado y no funciona
- Es difícil de comprender
- No es el momento
- Implica demasiado trabajo
- No funcionará aquí somos diferentes
- Es un terreno pantanoso
- No podemos costearlo
- No estamos preparados
- Esto me parece…
Referencia: HBRAL.com


